Cristian Alarcón se pregunta cómo contar la violencia.

Una crónica de Cristian Alarcón para revista Debate acerca de la muerte de Cabral y de periodistas que narran cotidianamente la violencia en Guatemala.

La segunda despedida de Facundo Cabral

Por Cristian Alarcón. Revista Debate, 15 de julio de 2011

Ay, si tuviera cerca al joven Elí, sacerdote maya de la etnia de los Mam, los más antiguos de Mezo América. Ay, si él pudiera decirme qué onda encantada del oráculo maya regía la madrugada del viernes 9 de Julio. Si pudiera preguntarle: ¿Por qué mataron a Facundo Cabral? ¿Cómo se tejió su muerte? ¿Por qué fueron contratados los sicarios que le dispararon con fusiles? En ese viaje a Guatemala, que aquí en Debate conté hace tres semanas, cruzaba la ciudad en un auto viejo con un grupo de amigos, hacia el centro histórico. Pasamos cerca del hotel casino Tikal Futura, desde donde lo siguieron los asesinos, y en las avenidas los carteles más luminosos mostraban el rostro clásico del barbado Cabral con sus gafas negras. Alguien dijo que en ese hotel hubo un tiroteo de narcos. Pregunté qué hacía Cabral tan espectacularmente anunciado en un país tan lejano, tan distinto, cuando en la Argentina ya era un cantante en el olvido. Me dijeron que era la segunda vez que daba un concierto de despedida. Y nos reímos por lo que consideramos una avivada de esos oscuros gerentes de marketing que gobiernan la vida de algunos artistas.
Entonces, esa noche en la ciudad de Guatemala, me contaban historias ocurridas hacía décadas, cuando las masacres masivas de indígenas, y otras, contemporáneas, de muertes como la de Facundo. Para entonces se sabía en Guate que ya iban tres dueños de cabarets asesinados durante los últimos meses. Ahora sé que Henry Fariña, el productor que había contratado a Cabral, iba a ser el cuarto. Como en un tour sangriento Claudia Acuña, periodista, me actualizaba: en uno, ahí, a pocas cuadras, los sicarios abrieron fuego en plena fiesta. Las chicas en tanga y en tetas se tiraron debajo de las mesas, detrás de los clientes. Y se salvaron. El dueño recibió todos los disparos. El siguiente ataque, me contaron, fue en la zona 4, cerca del edificio municipal. El lugar, Mi Club, era de un tipo que ya la tenía jurada. Dos semanas antes de que dos sicarios lo bajaran junto a su mujer muy cerca del cabaret, en las afueras de la ciudad habían encontrado ocho cadáveres. Los documentos de varias de las víctimas llevaron a los fiscales hasta el antro, donde había objetos de algunos de los muertos, todos relacionados con el narcotráfico. El más impresionante de los crímenes fue el de un ex diputado que se había dedicado al negocio de la noche y tenía varios locales, además de moteles de camas calientes. El auto en el que lo agarraron tenía como cuarenta agujeros de bala. Ése, en realidad, fue el primero.

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“Por favor, de todo corazón… se los pido me perdonen”

Por Redacción de Plaza Pública, 12 de julio de 2011.

Poco más de 72 horas después del ataque la Policía Nacional Civil (PNC) capturó  a dos hombres que supuestamente participaron en la muerte de Cabral, que en realidad era el asesinato frustrado de Henry Fariñas. Fallaron. Pero los sicarios del crimen organizado pocas veces fallan.

La Policía y el Ministerio Público (MP), escudados por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), apresaron en las primeras horas del martes a Elgin Vargas, el presunto  “contratista” de los sicarios, y a uno de los supuestos tiradores: Wilfred Stokes Arnold.  Las pruebas en su contra son varias, según el ministro de Gobernación, Carlos Menocal: huellas en el vehículo y pistolas abandonadas, videos de los carros y de los rostros de los asesinos, y en casa de uno de los detenidos las placas de un automóvil robado que sirvió para el ataque.

“El caso se sustenta con base científica y prueba documental”, dijo Menocal.

Los asesinos dejaron pistas tan visibles que lo que se creía que sería  un sudoku complejo para la Fiscalía terminó siendo un rompecabezas de cuatro piezas.

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Cabral fue asesinado este 9 de julio  de 2011 en Guatemala, el país que el periodista Martín Granovsky compara con la otra Ruanda por la magnitud del genocidio.

Compartimos enlaces de noticias de Argentina y Guatemala acerca de su muerte. Las primeras deducciones. Las vinculaciones con el narcotráfico. El destino fatal que lo encontró al gran cantante en el lugar equivocado.

Al final, de yapa, el perfil que la cronista Leila Guerriero escribió sobre Facundo Cabral.

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Facundo Cabral murió acribillado en medio de una venganza ajena

Por Sebastian Hacher y Ricardo Ragendorfer. Miradas al Sur, 10 de julio de 2011.

En el recital de Facundo Cabral en el Gran Tikal Futura Hotel de Guatemala había cinco mil personas. Sentado en una silla, solo con su guitarra y con los ojos levemente elevados al vacío, el músico habló durante cuarenta minutos. Contó su vida, esa que todo aquel que lo haya escuchado alguna vez conoce. Habló de su madre, del amor por ella, de Borges, de Teresa de Calcuta y San Francisco de Asís. Hizo esos chistes que eran un clásico en él: “Si tienes que cuidarla mucho –dijo– todavía no es tu mujer”. El público lo escuchaba con devoción. Incluso cuando se rompió un parlante y casi nadie escuchaba, nadie se animó a interrumpirlo. Parecía un chamán en trance.
Menos de una semana después, a pocos metros de allí, un grupo de sicarios lo asesinaría a quemaropa. Al cierre de esta edición todavía no se le había practicado la autopsia, pero varias fuentes adelantaron que su cuerpo tenía más de ocho disparos.

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Cabral, Fariña, asesinos entreñados y clubes nocturnos.

Por Luis Ángel Sas. Plaza Pública, 10 de julio de 2011.

Para abatirlo se necesitaron asesinos profesionales y armas automáticas. “No sicaritos, no sicarios de calle: crimen organizado”, dijo el presidente de la República, Álvaro Colom, en conferencia de prensa.

En las palabras de Colom latía algo que aún no había salido entonces a la luz pública en Guatemala, pero que se sospechaba y había llegado primero a la Argentina: Fariñas, según publicaron algunos medios allí, estaba amenazado de muerte y el ataque estaba dirigido a él. Cabral simplemente iba en el mismo carro.

Hoy todos los ojos lo buscan y minuto a minuto se sabe más de él: es nicaragüense, y en Nicaragua trabajó hace años en el teatro Rubén Darío. Afinaba pianos.

Después llegó a Guatemala. Aquí sus negocios han sido otros: el mundo del espectáculo, los clubes nocturnos, los prostíbulos. Fariñas es gerente y uno de los dueños del establecimiento Elite Club. Elite es una empresa de entretenimiento para adultos  presente en toda Centroamérica, excepto El Salvador. La maneja J&E Entertainment, S.A.

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Guatemala, otra Ruanda

Por Martín Granovsky. Pag/12, 10 de julio de 2011.

El asesinato de un ídolo tan querido como Facundo Cabral puso la lupa sobre un país: Guatemala, la Ruanda de América latina por la magnitud del genocidio (al menos 200 mil muertos en Guatemala, como mínimo 500 mil en Ruanda) y porque ese genocidio sigue siendo relativamente invisible a nivel mundial y masivo. La Guatemala de hoy sufre la influencia de la guerra mexicana entre los narcos y el Estado, que causó 30 mil muertos en los últimos cuatro años en México. Muestra una tasa de 54 homicidios cada 100 mil habitantes, un porcentaje diez veces superior al argentino, pero no precisa importar ningún aparato para desplegar el crimen organizado. Lo tiene desde que el Estado masacró a los guatemaltecos.

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Para saber quién fue Facundo Cabral, haz clic en el enlace para leer el gran perfil que escribió sobre él la periodista Leila Guerriero.

La leyenda de Facundo Cabral, por Leila Guerriero

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