Rápidas y furiosas, las picadas de la muerte

Pisteros1Cosecha Roja.-

“¡¿Sale gaonita hoy?!”, “Mañana no se trabaja, ¿qué hacemos? ¿Dónde copamos? ¡Comenten!”, “Este finde me pa que explotamos de vuelta, eh, está re sarpado, ¿a quién veo hoy?”

Las picadas se organizan por Facebook. Hay decenas de grupos de pisteros, como los de Morón, los de Rawson, Avellaneda, Berazategui. También están los Locos por las Picadas, los Pisteros al piso, Unite si sos pistero y Picadas callejeras. El domingo a la madrugada Diego Cuevas perdió el control del auto y mató a una persona e hirió a otras siete que iban por la vereda: corría una picada. “Es la ignorancia de la ley hecha ritual, el culto a los fierros dentro de espacios no autorizados y en grupos que generan identidad y sentimiento de pertenencia, aunque sea temporaria”, dijo a Cosecha Roja Pablo Wright, antropólogo y especialista en seguridad vial.

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Cuevas manejaba un Nissan Tiida color champagne a toda velocidad por Rivadavia, a la altura de Haedo. Eran las 7 de la mañana del domingo cuando se subió a la vereda y atropelló a siete personas que caminaban por la calle, paralelo a las vías del Tren Sarmiento. Lautaro Juárez murió y otros seis terminaron internadas. El conductor quedó detenido acusado de “homicidio simple con dolo eventual y lesiones graves” y se negó a declarar. Las cámaras de seguridad confirmaron que Cuevas corría una picada. “Es muy preocupante y grave: los que corren buscan la adrenalina de que haya obstáculos, riesgos, personas. Si no, no tiene sentido”, dijo a Cosecha Roja Sergio Levin, militante por la seguridad vial.

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Autos que vuelan, máquinas que reciben disparos y siguen andando, hombres que saltan por el capó y caen arriba del manubrio para seguir manejando, escenas de persecuciones, carreras y planos detalle de una caja de cambio: la fascinación con Rápido y Furioso a los pisteros los puede. Por eso usan las imágenes de la película, esperan ansiosos el estreno de la séptima entrega y sueñan con hacer alguna de las hazañas de Vin Diesel y Paul Walker -que murió, en un accidente automovilístico en diciembre de 2013-.

Lautaro no es el primer muerto por una picada. El caso más conocido es el de Sebastián Cabello, el joven que en 1999 mató a Celia Karman y a su hija de tres años, que cruzaban la avenida Cantilo, cerca de la cancha de River. En la Navidad de 2004, también en Haedo, Estefanía Domínguez murió atropellada por el auto que pisteaba Cristian Aedo. En noviembre de 2013 un adolescente de 16 años filmaba una picada de motos en la entrada de la ciudad de Saladas (Corrientes) y lo pisaron.

“Se ponen en juego los valores de la masculinidad y de qué significa ser cool y canchero. Otros lo observan y sienten atracción”, dijo Wright. “Algunos hombres buscan confort en un auto. Los hombres de verdad buscan potencia”, dice una de las imágenes que comparten en Facebook. “La exposición pública potencia los significados. Las imágenes y los videos son la prueba de la transgresión y de la máquina que se está poniendo en juego”, agregó el antropólogo. Se trata de potencia y velocidad. “Quienes conducen actúan como si el poder de la máquina fuese su propio poder. El cuerpo metálico les permite hacer cosas que su cuerpo de carne y hueso no”, dijo. Y hay otros, los espectadores, que se fascinan con el poder ajeno y con la organización de las carreras.

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Para Wright faltan “políticas de prevención de irresponsabilidad vial”. Levin cree que quienes corren picadas “son impunes” porque hay pocos controles y porque tienen informantes que les avisan de los puestos policiales. Su hijo murió en el accidente de los alumnos de la escuela Ecos en Santa Fe, en 2006, y desde entonces se dedica a dar charlas. “Es importante que haya una condena de la Justicia y campañas mediáticas de concientización”, dijo. Y celebró que el juez de Garantías 4 de Morón, Alfredo Meade, haya caratulado el delito de Cuevas como “homicidio con dolo eventual” porque puede sentar un precedente.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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