La caída del imperio de Stinfale

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Era un imperio pequeño pero eficiente, montado como un mecanismo de relojería: una treintena de empresas, todas ligadas entre sí, dirigidas por amigos de la infancia, empleados y la familia política. Desde allí, sospecha la justicia, Víctor Stinfale manejaba los hilos de la noche electrónica. La tragedia de Time Warp lo hizo saltar por los aires: desde la muerte de cinco pibes en Costa Salguero su nombre -conocido antes por su rol de abogado mediático- empezó a circular con fuerza. Y la que terminó de hundirlo fue su propia ex mujer, antes su principal socia, Andrea Fasano.

Luego de pasar su primera noche detenido, ayer Stinfale declaró durante ocho horas ante Sebastián Casanello, el juez que investiga la causa. El abogado que antes se presentaba como CEO de Speed y dueño de parte de la movida electrónica, negó todo: dijo que ya no salía de noche, que se dedicaba al marketing en Deportivo Riestra y que la que la que había tenido la idea de vender Speed en Argentina era Andrea Fasano, cuyo testimonio es uno de los principales puntos en los que el fiscal Federico Delgado se basó para detenerlo.

En la causa en la que se lo juzga por encubrir el atentado a la AMIA, Stinfale tiene una inhibición y un embargo de bienes que empezó en 2006. Desde entonces no hay nada a su nombre. La justicia sospecha que no figura en los papeles, pero que su mano es la que dirige el negocio. Speed, creen, fue la nave nodriza. Desde allí desembarcó en la actividad privada, y luego extendió sus tentáculos a la noche porteña: boliches en la ciudad y en provincia, fiestas internacionales y una radio de música electrónica. Speed está en todos lados: su sponsoreo y el monopolio de las barras en recorre desde la Creamfield hasta la fiesta más pequeña.

Para el fiscal Delgado, Andrea Fasano fue el “eje vertebrador” de ese grupo de empresas. En su presentación judicial, la mujer aseguró que Walter Santángelo -hoy prófugo- y Stinfale “estaban a cargo del management de la sociedad” Energy Group, que comercializa Speed en el país. Fasano explicó que fue pareja de Víctor Stinfale desde 1993. Y que en 1998 tuvieron la idea de vender la bebida Speed, para lo que eligieron como socio a Santángelo, viejo amigo de Stinfale y dueño del Frigorífico Soychú. “Víctor, por su exposición mediática”, explicó Fasano, “tendría un rol destacado en los aspectos comerciales del emprendimiento”.

En 2003, aseguró Fasano, armaron la primera sociedad para “posicionar a Speed en la nocturnidad”. Desde entonces surgieron muchas más: en todas hubo familiares de Fasano -desde el hermano hasta la abuela- junto a amigos de la infancia y del barrio. Cómo ya se contó en estas páginas, la justicia detectó 29 empresas ligadas a la fiestas electrónicas y la venta de bebidas. En total suman casi cincuenta nombres. Varias tienen domicilio en el estudio que compartían Fasano y Stinfale. Otras, en el frigorífico Soychú, de los Santangelo, en Palacio Alsina, uno de los boliches que se le atribuyen en Stinfale, o en FM Delta, la radio de música electrónica auspiciada por Speed. El “Pollo” Conci -el primer detenido por la Time Warp- es conocido en el ambiente nocturno como empleado de Stinfale y figura en tres de esas sociedades.

¿Qué vínculo hay entre todas esas empresas y la fiesta Time Warp? Según el escrito presentado por hoy prófugo Santángelo, “Energy Group es un sponsor clásico de Dell Producciones que incluye a Conci, Gontad y Herrera. 6 veces patrocinó la Creamfields por ejemplo. Tan fuerte es la solidaridad entre ellos que, según Santángelo, como Conci tiene pocos empleados, Energy Group le prestó los suyos para la Time Warp.

Ese “préstamo” habría incluido empleados de limpieza y equipos de comunicación, con los que monitoreaban que no faltara nada en las barras. La versión pareció poco verosímil para la justicia. En el cruce de llamados de esa noche, por ejemplo, descubrieron que Adrián Conci -único que reconoció ser organizador de la fiesta-, Walter Santangelo -que se presentó como dueño de Speed- y Martín Gontad -que se presenta como “asesor artístico” – se comunicaron más de veinte veces entre ellos. Conci, además, usa un teléfono y un mail a nombre de Speed.

En el grupo de Wasap de los organizadores de la fiesta también estaba Erica Troilo, empleada administrativa de Speed en los papeles, y conocida como ‘la mano derecha de Stinfale’ en la noche porteña. Troilo es quién daba las órdenes de quienes podían entrar gratis y quienes no a la fiesta. Y recibía las noticias de cuanta gente iba entrando. Para la justicia, actuaba en representación de Stinfale. El abogado lo negó: dijo que no era su secretaria, y que solo se encargaba de llevar su “agenda médica”. La mujer también tiene registrado a su nombre el dominio de internet alsina940.com, la dirección del Palacio Alsina: cómo ya se dijo, uno de los tantos boliches que se le adjudican a Stinfale.

Hay un último nombre, que hasta el momento se mantuvo en las sombras: el de Gretel Schönfeld.  La mujer, de 40 años y oriunda de Entre Rios, figura como gerente de Energy Group. En cada viaje al exterior de Stinfale, ella figura como su acompañante. Y es, según el propio Stinfale, la madre de su hija. Al momento de escribir estas líneas no trascendió si la mujer fue citada a declarar.

¿Que es lo que hacía todo este entramado? Según uno de los testimonios que figuran en la causa, “la metodología es pedir a todos los RRPP que ingresen a los eventos más personas de lo permitido, por ejemplo si la entran 1500 personas la idea es meter 2000 o 2500, entonces se genera mucho calor debido al hacinamiento y la gente consume muchísimo y todo lo que venden lo provee la firma Speed, y con lo que recaudan y venden sería la manera de devolver la plata a Speed de manera legal”.

Los testigos de identidad reservada que hablaron ante el fiscal Delgado coincidieron en esa versión. En su pedido de indagatoria, el fiscal aseguró que tanto Stinfale como Santangelo montaron un “escenario para que se venda droga” y que  luego “se abandonó a la gente de modo tal que hubo 5 muertos”.

En uno de los tramos más duros del dictamen, el fiscal comparó lo que hicieron en la fiesta con el rol de los jefes militares en los Centros Clandestinos de Detención de la dictadura. “Eran autores de los hechos. Pero no estaban físicamente presentes. Estaban ausentes. Sin embargo, actuaban desde atrás”. En el caso de la Time Warp, sostiene Delgado, “su poder de gobierno se vio con claridad en la venta de agua”. El agua, asegura,  es el complemento necesario de las drogas que se vendían. “Hay muchas formas de vender una bebida”, sigue Delgado, “pero, preguntamos ¿qué otra mejor que administrar la sed?”. De eso se acusa a Stinfale.

Nota publicada en Nuestras Voces.

Sebastián Hacher
Sebastián Hacher

Periodista.

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