Tirar al niño a la alcantarilla

IMG-20140922-WA0004Cosecha Roja.-

Una niña sobrevivió entre uno y tres días en una alcantarilla, sobre el cadáver su madre. El caso parece tomado de una ficción mala, pero no lo es. Es más común de lo que parece: entre 2008 y 2012, 1520 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos en Argentina como víctimas colaterales de femicidios.  En junio una mujer fue asesinada a golpes y hallada en Escobar con su bebé de 7 meses sobre el pecho. La ex pareja quedó detenida. En julio otra niña de 14 meses terminó de cabeza en el lavarropas porque no paraba de llorar: antes, durante y después, el papá golpeaba a la madre. El testimonio del hijo de Andrea López -desaparecida desde 2004- fue clave para inculpar al papá, Víctor “El lince” Purreta, porque vio cómo le pegaba a su mamá con un rebenque y luego  intentaba reanimarla.

“Los varones violentos tienen la convicción total de que las mujeres les pertenecen y pueden hacer con ellas lo que quieran. Trasladan esa realidad a los hijos y no les importa absolutamente nada”, dijo a Cosecha Roja Ada Beatriz Rico, directora general de la La Asociación Civil La Casa del Encuentro. En 2013 se calcula que los hijos e hijas menores que quedaron sin mamá fueron más de 263. “Si bien la víctima principal son las mujeres, la violencia de género afecta a todo el entramado familiar”, agregó.

El miércoles pasado Gonzalo Larrizalde iba a llevarle por primera vez la cuota alimentaria a Paola Acosta. Tenían una hija en común: el ADN que hicieron en mayo confirmó que Martina era hija de Gonzalo y la Justicia determinó que él debía darle 1400 pesos por mes. Ese día él le mandó un mensaje avisándole que iba a hacia allá y que llevaba la plata y un peluche “para la gorda”. Ella bajó con la niña y nunca más la vieron viva. Ayer las encontraron en una alcantarilla: Paola estaba muerta y Martina viva pero deshidratada y con un cuadro de hipotermia.

“La asistencia psicológica a la psiquis de esa niña es fundamental: estuvo 80 horas en la oscuridad total, con su mamá muerta”, dijo Rico. La psicoanalista infanto juvenil Mariana Cupito explicó que si bien es poco probable que tenga recuerdos “vívidos”, en Martina quedará una huella. “La primera infancia es una etapa en la que se precisa cuidado, contención y protección. “Es crucial para un niño sentir que el otro lo cuida, que no lo va a dejar solo”, dijo a Cosecha Roja Cupito.

Familiares y amigos de Paula denunciaron al fiscal por no haber tenido en cuenta la hipótesis del femicidio: en Argentina, cada 30 horas muere una mujer víctima de violencia de género según datos del Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”.

Paula tenía dos hijos de otra pareja. Tienen 14 y 16 años y fueron los que se despertaron la mañana del jueves y tuvieron que denunciar que no estaba su mamá. “El femicidio es el último eslabón de una cadena de violencias, abuso y humillación y las criaturas no están exentas de esto que sucedió”, dijo Rico.

Entre 2011 y 2012, 703 hijos e hijas quedaron sin mamá. Más de la mitad eran menores de edad. Ahí empieza la lucha por la tenencia. “Hay muchas trabas burocráticas, no siempre las familias tienen recursos económicos ni judiciales”, explicó Rico. Además les toca hacerlo en un momento de extrema vulnerabilidad: acaban de vivir un asesinato. Cuando los hijos son varios, a veces deben separarse porque no hay nadie en la familia que pueda cuidarlos a todos: los sacan de su ámbito, se pasan a otra escuela, se mudan de barrio. Y sigue el espiral: “En un segundo, cambia todo”, dijo Rico.

Desde La Casa del Encuentro luchan por que exista una asignación económica para los niños que quedan huérfanos y porque el padre, en caso de estar condenado, pierda la patria potestad del hijo automáticamente. “Si recibe una condena leve, cuando el hombre sale termina educando a esas criaturas”, contó Rico. “Yo entiendo el derecho del padre, pero ¿y los derechos de los niños?”, agregó. Para Laurana Malacalza, coordinadora del Observatorio de Violencia de Género en la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, es necesario que la policía -al momento de tomar la denuncia- o la justicia -a la hora de actuar- tomen en cuenta el riesgo en el que están los niños. A veces, contó “sólo disponen medidas de protección para la mujer y no para sus hijos: eso permite que se establezcan regímenes de visita con los padres agresores”.

Foto gentileza Diario El Argentino Córdoba

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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