Tres policías mataron a su hijo y alegaron ‘legítima defensa’, ella los lleva a juicio

elpela2Julia Muriel Dominzain – Cosecha Roja.-

Al Pela lo mató una bala policial el 7 de julio de 2012, en Lugano. A los tres oficiales de la Federal que lo persiguieron, los absolvieron tres veces porque les creyeron la versión: dispararon para defenderse. Rosa -la mamá- desconfió desde el primer día: analizó las marcas de la escena del crimen, habló con los vecinos, contactó a la Asociación Miguel Bru y combatió el relato policial en los tribunales. En julio la Justicia confirmó el procesamiento de los policías y ahora la Fiscalía y el abogado querellante pidieron la elevación a juicio.

“Se logró revertir el relato policial, los policías van a tener que dar cuenta de los actos en un juicio oral y público y no alegando ‘legítima defensa’ en un expediente”, dijo a Cosecha Roja Nahuel Berguier, el abogado de la familia. El fiscal Andrés Madrea -a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal de Instrucción 14- también pidió a la jueza Susana Wilma López (Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción 38) la elevación a juicio de la investigación contra los policías Emmanuel Alejandro Díaz, Mario Nicolás Medina y Diego Marcelo Calderón.

En julio, los jueces de la Sala V de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional habían confirmado los procesamientos. La jueza Mirta López González escribió en el fallo que la acción de los policías no estuvo justificada. “El argumento de ‘legítima defensa’ no puede usarse de forma liviana. La dinámica de complicidad entre el poder judicial y la policía les garantiza la impunidad en hechos gravísimos. En cambio ahora se podrá debatir en un juicio oral y público”, explicó Berguier.

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Aquel sábado de 2012, Rosa pasó la noche entera buscando a su hijo entre la Seccional 48 de Ciudad Oculta y el Hospital Santojanni. Nadie le decía que había muerto: primero le informaron que estaba detenido, después que había chocado en Piedra Buena y Saraza. La versión oficial fue que Marcelo Javier Montenegro -El Pela- iba con un amigo en un auto, que ambos estaban armados y que la policía disparó “repeliendo una agresión”.

Tenía 21 años, hacía changas, trabajaba en la panadería del barrio y como ayudante de albañil. Cuando estaba ocupado, era cuando de mejor ánimo lo veía su familia. En el brazo llevaba tatuado el nombre de su mamá y estaba a punto de presentarle a la novia. Su hermano de 20 era uno de sus mejores amigos. Mía, su hermanita de poco menos de dos años, era su debilidad. Cuando lo mató la Policía Federal, la familia se paralizó.

– A Pela lo mató yuta ¡pum! – dijo Mía poco tiempo después del crimen.

La nena apenas sabía hablar y Rosa se impresionó. Un rato antes le había preguntado a Dios qué era lo que había pasado con su hijo. Esa fue su respuesta, en ese momento supo que tenía que hacer algo, contó a Cosecha Roja. Entonces fue a ver el auto, reconstruyó la escena, habló con los vecinos, se acercó a la Bru -la asociación que acompaña a las familias víctimas de violencia institucional con asesoramiento jurídico y contención- y conoció a Rosa Schonfeld, la mamá de Miguel, que la alentó cada vez que se desanimó.

– Me dijeron que no – contaba la mamá del Pela cuando volvía de Tribunales con una pálida.

– No importa. Vos seguí yendo. Te van a decir mil veces que no, hasta que un día te dicen que sí – respondía Rosa.

La noche que lo mataron Pela estaba con amigos en la canchita a donde solía parar. “Vamos a lo de mi primo y venimos”, le dijo El Chino y salieron. Según cuentan en el barrio, alguien les pasó la llave de un Renault Twingo dorado que estaba estacionado en la cuadra desde hacía tres días. El relato policial narra una de las versiones de lo que pasó después:

“Personal del cuerpo de policía de prevención radial alertó sobre un auto que entró a toda velocidad a la villa. De acuerdo a lo que dijo un vecino, los dos ocupantes estaban armados. El móvil 148 tomó la Avenida Eva Perón, dobló en Lisandro de la Torre y vio al auto salir por la calle La Rosa. Lo persiguieron. Tomaron Zuviría por Piedra Buena y el ‘acompañante sacó una arma de fuego por la ventanilla y efectuó dos o más disparos’. Vieron que ‘un elemento cae del vehículo’. Repelieron la agresión. Ambos vehículos doblaron. El Twingo perdió el control, derrapó y colisionó contra un paredón. En el marco de dicha prevención, Maturano fue detenido y Montenegro recibió un disparo de arma de fuego por parte de los preventores que provocó su muerte”

En la causa figuran los diálogos por radio entre los policías:

Móvil 148: – Por Lisandro de la Torre lo tengo al Twingo, va en velocidad yendo hacia lo que es Elefante Blanco. Se está yendo a la fuga, que vayan los móviles por Piedra Buena.

Trinomio 3: – Comando, según un vecino se encontraban armados los dos, eh.

Móvil 148: Se dio un palo. Chocó, chocó, Piedrabuena y Goleta.

Comando: Piedra Buena y Goleta los móviles en código 3.

Móvil 148: Prioridad enfrentamiento.

Los policías secuestraron un arma -para ellos también pertenecía a los jóvenes- a seis cuadras de distancia del choque en un charco de agua estancada. Según las pericias, tenía “una sola vaina percutida y un proyectil obturado”.

Hay dos posibilidades: que directamente no tuvieran arma o que fuera cierto que el arma que encontraron a seis cuadras era de ellos. En cualquier caso, al momento del choque y del supuesto enfrentamiento estaban desarmados. “Inexplicablemente, la mención al enfrentamiento se efectuó con posterioridad a la colisión”, escribió la jueza Wilma López. El Pela murió porque un proyectil entró por la zona izquierda del baúl, atravesó el respaldo del asiento trasero y el delantero derecho e impactó en su tórax. Otra bala rozó su labio.

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El juez Diego Slupski sobreseyó a los policías tres veces. “Las resoluciones eran la clásica y rutinara convalidación ciega del accionar policial por parte del Poder Judicial. La firme decisión de la familia y el acompañamiento permanente de Rosa Bru pusieron en evidencia que existe un relato distinto al de las actas policiales”, dijo el abogado Berguier. Cuando la causa llegó a López, la jueza procesó a Emmanuel Alejandro Díaz (iba como acompañante), Mario Nicolás Medina (manejaba) y Diego Marcelo Calderón (iba en el asiento de atrás) como coautores penalmente responsable del delito de homicidio agravado por ser miembros de una fuerza policial. Hoy el Tribunal lo confirmó.

En 2014, las fuerzas de seguridad mataron a 154 personas en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Los datos son el Informe Anual del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Desde 2004 no se registraba un número tan alto. “Los proyectos populares de América Latina en materia punitiva viven una tensión: amplían los derechos y ciudadanía de los pibes (escuela, salud, trabajo) pero todavía tienen una deuda respecto a la violencia de las fuerzas policiales”, dijo Berguier.

Foto: Cosecha Roja

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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