Una nueva generación de narcos colombiamos: los baby mafiosos

Semana.-

Cuerpos desmembrados, atentados con granadas, plan pistola contra transportadores y una mujer asesinada dentro de una iglesia, son señales de la nueva guerra mafiosa que padece la región. ¿Qué está pasando?

Ahora, cuando los vallunos creían que sus días de terror habían culminado tras sobrevivir a la hegemonía de tres grupos mafiosos (los carteles de Cali, Norte del Valle y Pacífico), la región está condenada a padecer una nueva puja territorial, pero con un ingrediente adicional: el enfrentamiento entre pequeños delincuentes que quieren ganar prestigio y poder a sangre y fuego.

Eso es la que está pasando en el Valle del Cauca, donde pese a que las cifras de homicidios bajaron un 5 por ciento en lo corrido del año, las cosas parecen empeorar en materia de seguridad, en especial en los municipios ubicados en el norte y centro del Valle.

Desde Cartago, Tuluá, Palmira y Jamundí, las poblaciones más violentas después de Cali, las nuevas bandas extorsionan y perpetran crímenes selectivos que si bien no empeoran las estadísticas del departamento, sí recuerdan la oscura época en la que los carteles de la mafia se exterminaban entre sí, dejando una estela de terror, régimen de silencio y creando fronteras invisibles, tal como se vivió hace diez años durante la guerra a muerte entre los capos Wílber Varela, alias ‘Jabón’ y su archienemigo Diego Montoya, alias ‘don Diego’.

En Tuluá, por ejemplo, siguen apareciendo cuerpos torturados y desmembrados a lo largo de la ciudad. Este año suman cinco personas, quienes antes de morir fueron sometidas a toda clase de vejámenes, muy al estilo de la mafia. Agosto fue no sólo el mes más violento con un crimen diario, sino el más atroz en esa ciudad. Los homicidios se cometen por tripletas, el cuerpo desmembrado de la víctima aparece por partes y muchas veces con mensajes.

Así ocurrió el 27 de ese mes con el cadáver de un menor de 16 años, hallado en un andén cerca al río Tuluá. Estaba envuelto en una cobija encintada, amarrado de pies y manos y con un cable en su cuello. Según revelaron miembros del CTI de la Fiscalía, el adolescente tenía dos panfletos que decían, “De parte de ‘Los Paisas’ y ‘Los Chagualos’” y “’Rastrojos’… Zallallines se mueren”.

Semanas atrás, los tulueños recibieron aterrorizados la noticia del hallazgo de otro costal con el cuerpo de dos adolescentes asesinados a garrote y con laceraciones en sus rostros. Y el miércoles 5 de septiembre, apareció la cabeza de otra víctima con un mensaje que decía “de parte de Aníbal, alias ‘Picante'”.

En el mismo lugar donde hallaron la cabeza, sicarios asesinaron a dos personas. Entre las víctimas de las balas llama la atención la reincidencia de mototaxistas y el empleo de artefactos explosivos para presionar el pago de extorsiones. “La explicación a tanto crimen puede estar en la guerra por el microtráfico”, dijo a SEMANA un exconcejal que pidió la reserva de su nombre.
Ese mismo fenómeno de violencia se repite en Palmira, donde el narcomenudeo se convirtió en el combustible que atomizó las bandas u oficinas de cobro en la ciudad. De hecho, hace poco esta revista hizo un informe donde revela audios que muestran la frialdad de la forma como ordenan asesinatos y extorsiones.

Entre ‘Machos’ y ‘Rastrojos’

La situación más compleja se vive en el norte del Valle, una zona conformada por 16 municipios, entre ellos Cartago, Zarzal, Roldanillo y El Dovio, tristemente célebres durante la hegemonía del cartel del Norte del Valle. En esas poblaciones instalaron su poder y terror, capos de la talla de Iván Urdinola Grajales, Orlando Henao Montoya, Diego Montoya Henao, Wílber Varela y Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’.

Ese terreno abonado fue lo que permitió que el problema del narcotráfico se atomizara en esa zona del departamento y diera lugar a una cantidad de pequeñas bandas criminales sin control alguno y que se tomaron en serio su objetivo de asumir el mando.

El camino les quedó despejado tras las recientes capturas y entrega de reconocidos narcotraficantes, en especial aquellos pertenecientes a ‘Los Rastrojos’, que es el ejército criminal creado por ‘Jabón’ y que heredaron los hermanos Luis Enrique y Javier Antonio Calle Serna; este último se entregó hace unos meses a las autoridades de Estados Unidos y su lugarteniente Diego Pérez Henao, alias ‘Diego Rastrojo’, fue capturado hace poco en Venezuela y extraditado.
El problema es tan suigéneris, que en ese reacomodamiento los baby mafiosos se valieron de la ayuda de bandas criminales de otras regiones como ‘Los Urabeños’ y ‘La Cordillera de Pereira’. De paso, revivieron un grupo que ya se creía extinto: ‘Los Machos’, que era el ejército privado con el que Diego Montoya respondía los ataques de su enemigo Wílber Varela y defendía su territorio integrado por municipios como Zarzal, La Unión, La Victoria, Obando, Toro, Versalles y El Dovio.

Precisamente en El Dovio ocurrió hace unas semanas una de las afrentas más explosivas dentro del mundo de la mafia. El domingo 19 de agosto un sicario asesinó a una mujer mayor de 70 años dentro de la iglesia del pueblo. Recién había terminado la misa el hombre le disparó delante de otros feligreses.

Resulta que la víctima era Nelly Perea González, prima hermana de Henry Rodríguez Perea,  fallecido exalcalde de El Dovio y cuñado del capo también muerto Iván Urdinola. Lo curioso es que pese al horrendo crimen, a la gente le indignó más el sitio donde se cometió el homicidio y no la víctima. De hecho, ese día los pobladores continuaron celebrando sus fiestas aniversarias y solo dos días después, las autoridades reaccionaron y suspendieron la programación ferial. La parroquia por su parte cerró sus puertas 40 días en señal de desagravio.

Extraoficialmente se cree que el crimen de la señora Perea fue una retaliación de ‘Los Rastrojos’, que es la banda criminal que maneja el control territorial en la zona luego de expulsar a ‘Los Machos.’ Versiones no oficiales aseguran que a la víctima no le perdonaron que en su casa alojara a presuntos miembros de esa organización.

Niños y taxistas en la mira

En Cartago varios líderes denunciaron la existencia de oficinas de cobro que extorsionan a los pequeños comerciantes, “no se salva ni la vendedora de arepas; a todos les piden cuota y quien se niega a pagar queda condenado al destierro”, dijo un dirigente comunal de ese municipio. Aseguró, además, que otra preocupación es que existen indicios en el sentido de que algunas bandas están reclutando niños para su organización, muy al estilo del grupo ‘La Cordillera’ en Pereira y Dosquebradas.

Hasta el 29 de agosto Cartago sumaba un total de 68 homicidios, un incremento del 42 por ciento con respecto al 2011. Sumado a ello, este año asesinaron a media docena de taxistas, algo preocupante para una ciudad donde tan solo circulan 631 de esos vehículos.

Todo ello explica por qué el norte del Valle y Tuluá se convirtieron en el nuevo escenario de la guerra mafiosa, el cual tiene a las autoridades con los pelos de punta. Ahora, ejecutaron nuevas estrategias de seguridad y aumentaron el pie de fuerza.

La acción más reciente que tomó la policía del Valle fue establecer un centro de mando en Tuluá, reforzar la seguridad con 200 uniformados y cambiar el comandante de la estación.

Una fuente de inteligencia policial explicó a esta revista que el problema de violencia en Tuluá tiene su origen en una puja territorial desatada al interior de ‘Los Rastrojos’, “con la entrega de Comba, la captura de Diego Rastrojo y Jhon Stevens en la Costa Caribe, quedaron acéfalos y se están pisando las mangueras”, argumentó.

Sin duda, el problema es de suma preocupación para las autoridades y así se evidencia en un comunicado interno de la Gobernación del Valle, firmado por el secretario de Gobierno, Jorge Homero. En ese documento, Homero le pide a los alcaldes respetuosamente “adoptar las medidas necesarias para ajustar las estrategias de seguridad” y agrega unas recomendaciones que van desde la implementación de la ley seca hasta plan desarme, entre otros.

La situación de orden público en la región tiene dos caras. Mientras el departamento y su capital, Cali, reflejan una disminución en las cifras de homicidios, algunos municipios superan con creces la tasa de crímenes que maneja todo el Valle. Todo por cuenta de una nueva guerra mafiosa que hace recordar los peores tiempos.

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