Violencia obstétrica: Victoria nunca podrá ser mamá

Embarazo adolescenteMiriam Maidana* – Cosecha Roja.-

Tú que estás en el camino/ debes tener un código para poder vivir/ Enseña bien a tus [email protected]/ y alimentalos de tus sueños/ del que ellos eligieron, del que vas a conocer/ ¿puedes escucharlos?, ¿te interesa?/ ¿No puedes ver que debemos ser libres para/ enseñar a tus [email protected] aquello en lo que crees?/ Crear un mundo en el que podamos vivir”.

Enseña a tus [email protected] / Crosby, Stills, Nash & Young

 

“¿Sabías que eran mellizos? ¡Qué lástima!” le dijeron a Victoria después de hacerle un aborto. Tenía 14. Dos años después pidió turno para hacerse un control ginecológico en una clínica privada y el médico le dijo que seguramente no podrá ser madre nunca. Parece que el aborto dejó secuelas. “Yo no quería ser madre, ¿para qué? ¿Para trabajar como una burra como mi vieja?”.

***

Victoria apareció con el papelito rosa arrugado: allí estaba mi nombre, mi apellido y el número de consultorio. Rubia, ojos claros, mechas color rosa, pollera escolar cortita y medias negras. Tiene 16. Dice: “Pregúntame, sino no digo una palabra”. No para de hablar los siguientes minutos: “yo tengo calle, no te confundas por el uniforme”. Anoto: “Victoria tiene calle”, cuido bien que lo lea, y la cito para la semana próxima.

La segunda semana viene con mechones azules y se pone a hablar con Jeremías mientras esperan. Entra enojada: “Ese boludo me dijo que él no va a boliches de chetos, estos negros solo escuchan cumbia y se “comen” a minitas borrachas”. Largo monólogo, se va, entra Jeremías: “Ta´buena la cheta, pero le falta carne”.

La tercera entrevista llega cuando casi me estoy yendo, sin mechones: tiene el pelo rubio largo y un short con medias agujereadas. “No fui al colegio, y no voy a venir más temprano porque tus pacientes son todos negros”.

La vez siguiente no viene. Jeremías me dice: “Y la cheta?”. Viene bien el tema de la ausencia de Victoria porque Jeremías pone en palabras cierta dificultad en el encuentro con las chicas: “Las pibas ahora son cualquiera, se hacen las gatas, que te muestro todo y se te abalanzan, pero no pasan de dejarte un poco caliente y se van a buscar a otro”.

Vengo escuchando esta “queja” desde hace unos años: adolescentes varones “enojados” porque las mujeres los “avanzan”. Marcos una vez me dijo: “Las mujeres son cualquiera, por eso yo no voy más a bailar: prefiero quedarme con mis amigos tomando y jugando a la play, que andar gastando plata por ahí para que no pase nada”.

Victoria vuelve a la semana siguiente y esta vez hablo yo. Le digo que me parece que darle un espacio hospitalario debería ser algo más que escuchar sus monólogos y quejas acerca de mis pacientes. ¿No le pasa nada?

La mochila defensiva se va al demonio: no para de llorar. Escupe Victoria que está podrida de sus padres, separados hace años pero viviendo juntos. “En mi familia todo es una fachada, me mandan a tratamiento y me dicen: ‘No le vas a contar a la psicóloga lo que pasa en casa’. Y a mí lo que me pasa es que quisiera que mi viejo tenga una vida: se la pasa tocando la guitarra, fumando porro y tomando con los amigos, y mi vieja se la pasa laburando. Mi hermano y yo vamos a colegio privado pero mi casa se cae a pedazos, ¡ni internet tenemos! Por eso no invito a nadie, y en el colegio me hacen de lado: prefiero pasar por asquerosa que por pobre. Ya ni me invitan a loscumpleaños, encima se enteraron de que trabajo en el shopping (en un local de hamburguesas) porque un pibe me vio y vino a la caja a burlarme: “¿Vos sos la del boliche? No sabía que también eras “la empleada del mes”.

Para de llorar, se seca el rímel corrido y dice: “¡Yo soy una boluda! A mí me mandan con vos por las drogas, pero yo empecé a fumar porro con mi papá y le hice una apuesta: si él dejaba de estar toda la noche tomando y salía a trabajar yo me “rescataba”. ¡Se me rió en la cara!”

Victoria, la que “ni Internet tiene”, vuelve a llorar, se seca los mocos y me dice: “No me esperes la semana que viene, capaz ni vengo”.

A la semana próxima llega primera: “Anoche soñé algo horrible, te lo tengo que contar. Soñé que tenía un bebé pero era Chucky: estaba cosido y desarticulado, como roto”. Y luego escupe, con su estilo: “Yo quedé embarazada a los 14 años, en mi primera relación. Fue con un compañero de colegio. Habíamos fumado faso y tomado unas pastillas, mucho no me acuerdo. Cuando me dejó de venir pensé que era por la dieta: yo me como todo o no como nada, y quería bajar de peso porque cuando me veo gorda ¡me vuelvo loca! Pero al tercer mes ya mi vieja se dio cuenta. ¡Tenía las tetas como Moria Casán! Me llevó al médico, pero particular. Llo único que decía era que yo le daba vergüenza. ‘Lo que me faltaba: me rompo trabajando para que tengas una educación y no tengas la vida de mierda que tengo yo y me hacés esto’”.

¿Se lo hizo a ella? (O como hay tanta madre “sacrificada”)

Todo fue muy rápido: Victoria no recuerda el lugar del aborto. Sí que la ayudante del médico le dijo: “¿Sabías que eran mellizos? ¡Qué lástima!”

Victoria siguió de novia un tiempo más con su compañero de colegio, y cuando cortaron: “¡me fui al carajo!” Se refiere a sus salidas a boliches, a teñirse el pelo, a tatuarse. “No me acosté ni me voy a acostar con nadie más”, dice, a los 16 años.

Tras un trabajo intenso consigo que pida un turno con ginecología: no se ha hecho un control desde el aborto. La consulta la paga con su trabajo en el shopping, porque en el hospital no quiere.

Vuelve dos semanas después: el médico, un señor mayor, le dijo que seguramente no podrá ser madre nunca. Parece que el aborto dejó secuelas.

“Yo no quería ser madre, ¿para qué? ¿Para trabajar como una burra como mi vieja?”

¿Y que querés ser, Victoria? “Radióloga: por lo que averigüé, las embarazadas no pueden hacerse radiografías”.

 

*Psicoanalista

Notas:

–  Esta semana y las siguientes, en la consulta trabajaremos el tema Melina (la adolescente muerta a golpes y tirada al río: aquí la nota:http://cosecharoja.org/la-vida-de-melina-y-el-periodismo-sin-rumbo/

–  Preparamos una acción breve al respecto con los servicios de obstetricia, neonatología y guardia: la bestialidad en transmitir de manera punitiva las “consecuencias” de sostener relaciones sexuales en la adolescencia por el momento deberían quedar suspendidas, e intentar hablar de ciertas normas de cuidado. A Victoria le “informaron” luego de un aborto que esperaba mellizos, y luego le dijeron que “no podría ser madre nunca”.

– Considero que es fundamental trabajar el tema con los adolescentes varones: escuchar algo de la “frustración” ante la caída del rol masculino (“ser avanzados” por las chicas), e instalar que cierta moda de mostrar el cuerpo femenino, bailar, mostrarse, no implica “permiso”: cuando una chica dice “NO” así debe ser entendido, lo mismo que cuando ellos no desean “apretar” con una chica que no les gusta, por más que los “avance”.

–  Sería hermoso leer experiencias al respecto: hablar del tema en colegios, centros de salud, centros comunitarios, clubes, y cualquier lugar donde se trabaje con adolescentes. Normas de cuidado, de respeto, y de soltar la angustia también: el martes en la consulta todos los chicos sacaron el tema, buscaron la diferencia. Rodrigo me decía: “Mis tíos y primos son machistas, pero cuidan a la mujer….hay que estar loco para matarla a golpes, aunque los paraguayos tienen fama de bravos….”.

–  Y por favor: basta de 0800! Hay que volver a la palabra en los espacios donde hay adolescentes.

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Cosecha Roja es la Red Latinoamericana de Periodistas Judiciales

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